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NEGOCIANDO CON DIOS

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Enviado el 15-nov-2010 a las 20:17 por josefamararjo

Meditando últimamente sobre lo que significa diezmar, sobre por qué Dios quiere que los creyentes participemos en sus negocios aportando parte de nuestros ingresos, recordé como Dios me habló con respecto a esto cuando solo tenía un año de convertida.
Nada más aceptar al Señor, un grupo de jóvenes de la Iglesia empezamos a orar porque queríamos hacer un viaje a Inglaterra. Antes de que pasara un año todo estaba organizado. Teníamos billetes de avión, alojamiento desde el norte hasta el sur del país, porque lo recorrimos de un extremo al otro; no tuvimos que pagar nada ni por el hospedaje ni por la comida. Además en cada Iglesia que íbamos, que fueron bastantes, nos daban una ofrenda para repartir entre todos los que íbamos en el grupo. Una sola ofrenda por cada Iglesia, que ya era bastante. Nos trataron como a príncipes. Fue un viaje fantástico.
Cuando llegamos a Escocia, a Edimburgo, estuvimos alojados en un palacete donde, igual que en los otros sitios, no tuvimos que pagar nada. Pero el pastor con el que íbamos nos reunió a todos y nos dijo que sería bueno, ya que recibimos tanto y el lugar donde estamos era un hotel, que entre todos diéramos una ofrenda para los gastos. Para mi sorpresa, hubo algunos que no querían participar de esa ofrenda, lo que produjo cierto conflicto. Yo nunca tuve problema con ofrendar o diezmar, puesto que cuando me convertí, me explicaron que los diezmos era algo que Dios mandaba y yo lo acepté sin ningún problema. Pero ahora después de lo que ocurrió empecé a plantearme si eso era de Dios o no.
Pasó que en ese lugar, en Edimburgo, fuimos dos veces a la misma Iglesia, por lo que como ya nos habían dado ofrenda, la segunda vez ya no correspondía que nos la dieran.
En ese segundo culto, en la alabanza, yo oré: Señor si los diezmos es algo que tú nos mandas, yo quiero saberlo directamente de ti, no quiero dudar.
Nada más terminar la oración levanté mi cabeza y mi mirada fue directa a uno de los ancianos que estaban sentados en el alta, por cierto, era un templo enorme con poco luz y el anciano estaba bastante lejos. Este hermano se levantó y le dijo algo al oído del que dirigía la alabanza.
Mientras él hablaba con el director vino a mi mente: os van a dar otra ofrenda. Esa es mi señal para ti de que los diezmos es algo que yo he ordenado.
Cuando terminó la alabanza, el que la dirigía dijo por el micrófono: un anciano ha sentido de parte del Señor dar otra ofrenda a los hermanos que vienen de España.
Esto impacto tanto mi vida que lloré, lloré y lloré y supe en ese momento y para siempre que yo nunca dejaría de cumplir mi parte del pacto que tengo con Dios, y sin embargo, ha habido algún momento de mi vida en que por circunstancias no he podido darlo, pero me he sentido fatal y tenía una gran urgencia por volver a hacerlo.
Nosotros tenemos un negocio con Dios, el pone el 90% del capital para sustentar nuestras casas y nuestras necesidades.
Nosotros tenemos que poner el 10% para sustentar las necesidades de su casa.
Yo no sé por qué Dios quiere que sea así, pero lo que sí sé, con toda certeza, es que Él LO QUIERE.
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