Lento pero seguro...

 
 

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Escrito de una anciana.

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Enviado el 17-abr-2018 a las 14:52 por lamenor

No se q día es hoy, en mi memoria los días están revueltos, no hay calendarios en esta casa, tampoco hay recuerdos antiguos, desaparecieron.... hasta yo fui desapareciendo sin q nadie se diera cuenta.

Primero me cambiaron a un cuarto chico, pues la familia creció, después junto a mi bisnieta. Ahora finalmente ocupo la bodega donde guardan cachureos. Iban a cambiar un vidrio roto de la ventana, pero se olvidaron y todas las noches por allí se cuela un aire helado y aumenta mis dolores reumáticos.

Desde hace mucho q quería escribir, pero tengo un lápiz y luego olvido donde lo dejo, es mi edad, las cosas se me desaparecen.
La otra tarde caí en la cuenta, q también mi voz ha desaparecido. Cuando hablo a mis nietos o hijos, no contestan. Todos conversan sin mirarme, como si yo no estuviera...

A veces intento conversar, pensando q servirán mis consejos, pero no oyen, no miran, no responden. Entonces, con tristeza me voy a mi cuarto, sin terminar mi taza de café, para q se den cuenta de q me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan disculpas, pero, nadie viene.

El otro día, molesta, les dije: Cuando muera me van a extrañar!!. El niño más pequeño dijo: “¿Ah, es q aún estás viva, abuela?”. Les pareció tan chistoso q no paraban de reír. Estuve llorando muchas horas en mi cuarto, a la mañana siguiente entró uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas, ni siquiera me saludó.

Entonces me convencí q soy invisible, estoy en medio de la sala y ni siquiera estorbo, mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mi alrededor, de un lado al otro, sin siquiera tropezar conmigo.

Una vez, mi yerno enfermó, quise serle útil, le llevé un té especial q yo misma preparé, se lo puse en la mesita y me senté a esperar, él totalmente indiferente miraba TV, el té, poco a poco se fue enfriando y mi corazón también.

Un viernes, los niños, muy contentos, vinieron a contar q al día siguiente iríamos de día de campo. Yo muy contenta, me levanté temprano para no retrasarlos, hacía tiempo q no salía y menos al campo.

Al rato entraban y salían de la casa echando bolsas y juguetes al coche. Yo estaba lista y, muy muy alegre, me paré en el zaguán a esperar, cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí q yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el coche o porque mis pasos tan lentos estorbarían...

Mi corazón se encogió. La barbilla me temblaba, y las lagrimas saltaron de mis ojos y de mi alma y corazón el cual se rasgó.

Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años, nadie recuerda mi cumpleaños.

Todos están ocupados. Yo los entiendo, ellos hacen cosas importantes, ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Yo ya no sé de besos, antes besaba a los niños, era un gusto enorme el tenerlos en mis brazos como si fuesen míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantarles canciones de cuna q nunca creía recordar...

Pero un día mi nieta, q acababa de tener su bebé, dijo q no era bueno q los ancianos besaran a los niños, por salud.Ya no me acerqué más, no fuera q pase algo malo a causa de mi Torpeza.

Es tremendo, aunque aun no he muerto, me he dado cuenta q ya no existo.

Autor: Silvia Castillejos Peral (adaptación Patty Arenas.)
http://radiorrcc.com/
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