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Del cuerpo

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Enviado el 04-mar-2016 a las 09:07 por Quim

Nos dicen que debemos meditar continuamente en las cosas de Dios y, aunque yo no acabo de cumplir a rajatabla, por el trabajo, la familia y todo lo que sabemos que nos ocupa, me doy cuenta de que, cuando sí que lo hago, el Espíritu me instruye acerca de los misterios que encierra la Palabra y disipa las dudas que se me puedan plantear.
En una ocasión me dio por pensar en el cuerpo de Cristo, en que todos formamos parte de él y de que, siendo así, yo debería tener alguna forma, ya sea brazo, pierna o mano.
No sé si a tí te pasa, pero a veces pienso en cosas así de raras. Qué le vamos a hacer, puede que tenga que hacérmelo mirar...
Creo, y es mi modesta opinión (que espero que no te modeste), que todo el que entiende esto del cuerpo como cierto, tiene derecho a abrigar la secreta ilusión y la lícita esperanza de ser una de las partes más, digamos, útiles.
¿A quien no le gustaría ser, por ejemplo, brazo?
-Soy el brazo de Dios. ¡Presto para abrazar al caído, defender al oprimido o caer sobre el enemigo! (La rima es accidental).
O quizás ojo, que todo lo observa, que todo lo escruta, al que no se le escapa nada, al que no se le puede engañar...
O ser oído, afinado para escuchar lo que el Espíritu desea comunicar a su pueblo...
O mano, para agarrar y no soltar, para consolar con caricias al quebrantado, repartir bendiciones por doquier o castigar con terrible juicio al adversario...
Creo que a todos nos gustaría ser una de las partes del cuerpo más activas, más, por así decir, espectaculares.
Pero, ¿y cuando el devenir de los acontecimientos te hace sospechar que, a lo peor, la parte del cuerpo que te ha sido asignada no es la que te hubiera gustado? ¿Que te parecería ser, por ejemplo, el dedo meñique del pie izquierdo? ¡Guau, nivelazo!
¿O nalga? (No te me vayas a escandalizar. La Palabra dice que el Señor está sentado en su trono. ¿Sobre qué piensas que se sienta?).
¿Y qué, si resulta que eres nariz, o talón, o codo? ¿Sería descabellado que te tocara en suerte ser espalda, o nuca, o planta del pie?
Reconozco que no me resultaría demasiado alentador ser según que parte.
- Bueno, pero incluso así, eres parte del cuerpo.
Ya, pero es que soy rodilla. Ya me dirás en qué puedo ser útil... Solo sirvo para barrer... Y es que soy como invisible... A veces pienso que si desapareciera nadie me echaría de menos...
Evidentemente, cuando te asaltan dudas, has de ir a la fuente de la sabiduría, para conjurarlas.
No te preocupes, el Señor no tiene problema alguno con la duda, siempre que venga acompañada del deseo de aprender.
Y en su palabra tenemos todo lo que necesitamos saber. Nos pone ejemplos que, bien masticados, disipan cualquier niebla.
Exodo 17
Tres personajes: Aarón, Hur y Josué.
Dos, Aarón y Hur, aguantando los brazos de Moisés en alto, para que se cumpliera lo que Dios había dicho, que mientras Moisés los mantuviera así, la victoria sería de Israel. Ya, ya se que la Palabra no especifica que Dios diera esta instruccion, pero no pudo ser de otro modo, ¿no?
Otro, Josué, luchando contra Amalec y alcanzando una gran victoria.
Cabría pensar que, de todos ellos, los que hicieron posible la victoria fueron Aarón y Hur, puesto que fueron los que mantuvieron los brazos del patriarca en alto, como requería Dios.
Entonces, ¿por qué la gloria se la lleva Josué? Si, si, no me equivoco. Me dirás que la gloria es del Señor, que de Él es la batalla y de que no debemos reclamar para nosotros mérito alguno, pero yo te digo que la Biblia es la palabra de Dios y que todo lo que en ella está escrito debemos creer que ha salido de su boca, ¿no? Entonces, es Dios mismo el que dice: "Y Josué deshizo a espada a Amalec".
Vaya. ¿O sea que Aarón y Hur no tuvieron nada que ver? Señor, lamento discrepar, pero, como mínimo, la gloria, ya que la cedes a alguien, deberías repartirla entre los tres, ¿no? Claro, igual es que son rodilla, mientras que Josué debe ser, como poco, brazo (armado).
Y es que a veces podemos sentirnos pequeñitos si nos comparamos con gente que, bien por su manera de ser, bien por la visibilidad que le otorga su ministerio, dan la sensación de ser una parte del cuerpo de las más importantes.
Sabemos que el pastor es cabeza, por ejemplo, y que sus colaboradores más cercanos no andan lejos de serlo.
-En cambio yo, que solo soy ugier, o que solo me dedico a preparar el pan y el vino, antes de las reuniones, o que ni siquiera hago eso, ¿qué soy?
Convengamos en que todos somos igual de importantes, aunque no todos seamos igual de visibles.
Por nada del mundo quisiera perder parte de mi cuerpo. Ni siquiera un dedo.
En el cuerpo todos tenemos nuestra función, y así debe ser para que el conjunto sea, precisamente, un cuerpo.
Pablo habla acerca de esto.
Pero lo que de verdad es importante no es la parte del cuerpo que creas que eres. Lo que de verdad importa es que, seas la parte que seas, siempre puedes ser otra.
Deja que Dios hable a traves de ti, ocupes el puesto que ocupes. Con tus actos, con tus palabras, con tu vida.
Y serás BOCA.
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