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De las relaciones.

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Enviado el 11-oct-2015 a las 19:38 por Quim

Recuerdo que alguien (un tal Pablo) dijo una vez que le preocupaba el hecho de que, aún y sabiendo cual era la manera correcta de conducirse, se sorprendía a si mismo haciendo lo contrario. Se lamentaba de que en su interior luchaban dos fuerzas y de que la lucha le agotaba.
Le entiendo perfectamente porque en ocasiones me pasa igual.
Mi dualidad a veces me sume en un estado de tristeza que trata de frenarme, que intenta que no siga, que pretende desesperarme, que aspira a hacerme creer que no hay solución.
Pero sí que la hay, lo que pasa es que hay momentos en los que dudo cómo actuar y el caso es que no me apetece pedir consejo a nadie, porque no tengo a nadie en quien pueda confiar lo suficiente como para abrir mi corazón. No puedo correr el riesgo de entregar mi alma, por así decir, a alguien de quien no estoy seguro.
No me consuela el saber que esto de percibir su soledad ha sido y es común a todos los que han hecho de lo espiritual su modus vivendi (o que, como mínimo, lo intentan) porque, quizás pecando de orgullo, me siento especial, diferente, y me creía libre de cosas así, a salvo de este tipo de circunstancias.
Estoy aprendiendo a dejar de ser tan ingenuo; en realidad búsqueda y soledad van de la mano porque es en soledad, que voy a encontrar.
Aunque, aun así, hay momentos determinados en los que me gustaría poder contar con alguien. Todo camino por el desierto pasa por algún oasis, a no ser que te hayas perdido y que tu destino sea morir allí.
No es el caso.
Por favor, no me digas lo que me diría alguno -sospecho que me lo dirían bastantes más que "alguno"-:
-"Es que solo debes confiar en el Señor, que es el único que puede ayudarte".
No me lo digas porque tengo un problema con ese tipo de gente, con ese tipo de afirmaciones que, aunque ciertas, que Él mismo nos lo advierte, que sólo podemos confiar en Él, desprenden, al menos para mi nariz, cierto tufillo a desinterés hacia aquél a quien se las dicen. Las considero el más socorrido recurso del que no tiene ganas de escuchar tu rollo, y todavía menos de enredarse en problemas ajenos.
¿Tienes alguna duda, o te sientes mal por algo o, simplemente, te encuentras bajo de moral y necesitas un hombro sobre el que llorar?
- "Confía en Dios, que tiene el control de todo, ahora es tiempo de descansar en Él. Es el único que te ama desinteresadamente".
Y se va tan tranquilo, convencido de que te ha hecho un favor.

Ya sé que Dios tiene el control. Ya sé que Dios sabe todo y que todo forma parte de su plan, que yo también me he leído los versículos, pero, ¿no sería recomendable ser un poquito (¡sólo un poquito!) más atentos entre nosotros, más amorosos? ¿No se le ocurre al que me da este consejo tan espiritualmente impecable (cierto), tan indiscutiblemente escritural (también) y tan sospechosamente cómodo (para él) que quizás, y solo quizás, Dios nos ha rodeado de hermanos para ayudarnos unos a otros y que, precisamente, ése es su plan?
"En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros..."
Siempre me he sentido alguien especial. No sobresalgo espectacularmente en nada, más bien al contrario, que soy capaz de grandes torpezas, pero en el fondo, y la vida me ha dado muestras de ello, siempre he tenido algo. Algo que me ha hecho disfrutar de cierto grado de privilegio, si quieres llamarlo así, sobretodo en cuanto a mis relaciones personales.
La mayor parte de mi vida he tenido gente de la que he podido aprender el arte de vivir bien, gente honesta, considerada, amable, implicada...
Y aunque he pasado por momentos en los que, movido por ese sentimiento de rebeldía anejo a casi todo adolescente busqué, en un intento de hacer algo emocionante, compañías nada recomendables, pasado el tiempo y reposada, casi olvidada ya, la necesidad de ir en busca de ciertas aventuras, lo que queda en la memoria son las lecciones de vida recibidas de parte de aquéllos a los que ésta tuvo a bien acercarme y que me enseñaron el noble arte de ser persona.
Lecciones que marcaron positivamente mi carácter.
La cuestión es que, invariablemente, estuve bien considerado allá donde fuera. Y, a pesar de ser casi siempre el más joven, mi opinión, cuando se me pedía, era tenida en cuenta.
Ahora estoy confundido. Y no por el hecho de que formo parte de algo en lo que mi opinión cuenta menos, cuando cuenta algo, que eso, en un cuerpo donde hay unas cabezas es lo más lógico (...), sino por la cantidad de contradicciones que advierto.
No voy a entrar en las personas, que no debo centrarme en eso, porque todos estamos en obras (en proceso de remodelación, quiero decir), pero sí en lo que siento, que para eso te escribo.
Como te he dicho, siempre he tenido a mi disposición gente de la que aprender, gente con la que descubrir el maravilloso don que supone poder compartir tus sueños, tus gustos, tus alegrías y, por qué no, también tus miedos, dudas e inseguridades; compañías que te descubren lo terapéutico que puede llegar a resultar el simple hecho de ser escuchado.
El rasgo más característico del ser humano, aquéllo que más nos diferencia de los animales, aparte de la consciencia espiritual, es la capacidad de comunicación. Gracias a eso podemos aunar esfuerzos y conseguir casi cualquier cosa que nos propongamos, desde ir a la luna (¿¿para qué??), hasta elaborar unas normas de convivencia que sirvan para delimitar de común acuerdo los espacios necesarios de cada cual, a fin de hacer más agradable la vida propia y la del otro.
El fin de querer escuchar y ser escuchado tan sólo obedece a la necesidad de saber qué piensa y cómo se siente el otro y que el otro sepa qué pienso y cómo me siento yo. Si dos no están de acuerdo ¿como caminarán juntos? Para estar de acuerdo, ¿no tendremos que conocernos? Para conocernos, ¿no tendríamos que saber cómo pensamos el uno y el otro? ¿No llegamos así a enriquecernos?
Me parecen preguntas lógicas si es que tenemos que vivir juntos (porque tenemos que vivir juntos, ¿no?)...
"Trata a los demás como quieres que te traten a tí ".
Y ahora, cuando se supone que estoy donde debo estar (no es que se suponga, estoy donde debo estar), veo con pena que lo más sagrado que tenemos, que son las relaciones -y digo lo más sagrado porque las relaciones entre nosotros son lo que realmente nos identifica ante la gente como aquéllo que decimos ser- resulta que son de cartón, impostadas y superficiales. No todas, claro, pero sí más de las recomendables.
Y me sorprende el hecho de que no parece que haya quien esté dispuesto a hablar claro sobre el asunto, con lo que la cosa no tiene visos de que vaya a mejorar a corto plazo, pues nadie parece percatarse, o sí que lo hacen pero no hacen. -"Dios hará".
Pues yo no juego.
Y ahí radica mi problema, ahí reside mi dualidad, porque me siento un extraño en mi propia casa, deseando dejar aquéllo que me es imposible dejar, porque es mi vida. Deseando dejar de ver a gente a la que quiero de todo corazón, porque no puedo abrírselo. Aburriéndome de aquéllo que más placer me produce, porque no puedo compartirlo plenamente, como quisiera.
Todavía te diré algo más: Siento una sensación cercana al hastío, pero que muy cercana, cuando tengo la ocasión de hablar con alguno, en privado, y me doy cuenta de que tienen la misma sensación que yo. Cuando gente, cuya identidad me llevaré a la tumba, me reconoce que lleva toda una vida en la congregación y que... ¡no tiene amigos! ¡Olé!
Me reafirmo en mis convicciones, porque luego los veo entrando de lleno en esa espiral de buenas palabras, buenos deseos, sonrisas y abrazos, pero cero acciones, quizás esperando que Dios haga el trabajo que les corresponde hacer a ellos, quizás ignorando, incluso, que tienen un trabajo que hacer.
A alguien mienten. O me mienten a mi, cuando me dicen lo que realmente no piensan, o mienten al que abrazan con una sonrisa pintada en la cara.
Es imposible que estén siendo sinceros en ambos casos.
Pues yo no juego.
El amor no es un juego. El amor es Dios mismo, en persona, y como tal es lo más importante.
La fe es importante y hablamos mucho de ella pero no parecemos recordar que no es la mayor de lo que ahora permanece. No me malinterpretes, que no ignoro su valor ni su bondad; estoy plenamente persuadido de que la fe es, precisamente, la causa primera que nos hace beneficiarios de la vida eterna, y el medio de alcanzar todas las cosas que están a nuestra disposición, pero tampoco ignoro que tiene fecha de caducidad.
Permíteme que insista: no me malinterpretes. Reconozco la fe como algo esencial, como aquéllo que hace que podamos acercarnos a Dios sabiendo que existe, y que es galardonador de los que le buscan, el modo de vida del que dice seguirle, y la forma de agradarle; ahora nos es imprescindible. Pero llegará el momento en el que ya no será necesaria. Cuando veamos, no como por un espejo, sino cara a cara.
Sin embargo el amor, eso que a menudo pisoteamos, como cuando damos consejos que en realidad son un "apáñatelas como puedas", y la carencia del cual hace que la fe sea vana (curioso), es eterno. Serà lo que rija la eternidad. Será (es) el Soberano que nos gobernará. Me han enseñado a escoger lo bueno y, de entre lo bueno, lo mejor.
Los que, de un modo ú otro, hemos recibido este tipo de consejos tenemos dos opciones:
La primera, pasar del consejo y del que nos lo ha dado.
Aunque es la opción que nos va a hacer sentir mejor a corto plazo, por aquello del orgullo, no creo que sea la opción correcta, porque no ofrece una salida a nuestra situación. Es más, seguro que la empeora, porque el orgullo nos ciega, haciéndonos entrar en un círculo vicioso del que nos costaría muchísimo salir, si es que lo conseguimos, con el rencor y la amargura como compañeros de viaje. No sería sano vivir así, ni para nosotros ni para los que tuvieran la desgracia de vivir a nuestro alrededor.
La segunda opción, que creo que es la correcta, es la de hacer un ejercicio de humildad, pensar un poquito y seguirlo.
Si lo consideramos fríamente, haciendo caso omiso a lo que podamos estar sintiendo, acallando nuestra propia voz, seguro que llegamos a la conclusión de que después de todo no es un mal consejo; incluso, si lo pensamos bien, es el mejor consejo que nos pueden dar.
Y si lo siguiéramos podría darse el caso de que, después de haber sido humildes y obedientes (de corazón, olvidando nuestros propios sentimientos) y haber ido a buscar consuelo del único que nos lo va a dar, volviéramos con el ánimo renovado, la mirada limpia, y el deseo de poder tropezarnos con alguien a quien demostrar que, como hijos de Dios, somos capaces de escuchar (no sermonear: escuchar) a quien necesita ser escuchado, de llorar con quien está triste y de reír con aquél que rebosa alegría y quiere compartirla...
No es un mal consejo. Quizás mi hermano, porque verdaderamente es mi hermano, aunque me sienta defraudado respecto a él, tenga razón, después de todo, y el único que va a ayudarme es el Señor. Voy a ir a pedirle consejo pero, además de buscar consejo, o consuelo, o ánimo, (o perdón), también le expresaré un deseo y le pediré una gracia: que me haga alguien parecido a Él, y ya de paso no a mi sólo, sino a todos aquéllos que lo consideren necesario, capaz de escuchar al que lo necesita y de convertir el problema de mi hermano (de cualquiera de ellos, de todo aquél que me necesite, sin distinción) en mi propio problema.
Recomendaré siempre como primera opción acudir a Dios, porque, verdaderamente, es el mejor consejo, pero intentaré estar bien cerquita, atento, por si se me necesita. Porque... ¿y si resulta que la ayuda que el Señor tiene preparada para esa necesidad soy yo?
Como aquél que oraba, un poco indignado:
- Señor, ¿no ves cuanta injusticia y necesidad hay en el mundo? ¿Por qué no haces algo? ¿Qué esperas?
Y Papá le responde:
- Ciertamente he hecho algo. Te he hecho a tí.
Puede que me lleve una sorpresa y que descubra que, a lo mejor, ésto es lo que le agrada. Puede que descubra que a lo mejor éste es su plan.
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Comentarios

  1. Viejo comentario
    buena catarsis amigo...

    Dios te siga fundando en su Palabra
    Enviado el 20-oct-2015 a las 13:41 por souljazz souljazz está fuera de línea ¡Visita su Blog!
  2. Viejo comentario
    Gracias. Por tu comentario, por tu deseo, y por llamarme amigo.
    Enviado el 20-oct-2015 a las 15:40 por Quim Quim está fuera de línea ¡Visita su Blog!
 

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