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De la inocencia.

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Enviado el 21-ago-2015 a las 10:34 por Quim

Estaba a mis cosas, en la calle, esperando a alguien, y me fijé en dos niños muy pequeños, apenas de entre dos y tres años, que salían en tromba de la tienda de sus padres, empujando unas maletitas. Las habían elegido como sus juguetes y corrían por la acera con una sonrisa en la cara. Inmediatamente consiguieron que me olvidara de todo lo que me rodeaba, incluso de lo que estaba haciendo ahí. No es que llamaran mi atención: se hicieron los dueños.
Sentí un poquito de envidia al ver que se lo pasaban tan y tan bien con algo tan sencillo. No los conocía de nada, pero en ese momento me hubiera interpuesto entre ellos y cualquier cosa que hubiera venido a dañarlos, sin pensar en las consecuencias, de tan feliz que me hacia el verles disfrutar de la manera que estaban disfrutando.
Pero era peligroso porque la calle era bastante transitada y la acera un tanto estrecha. La madre debió pensar lo mismo porque salió de la tienda como un cohete, arrebatándoles las maletas y obligándoles a entrar, entre llantos. Me supo mal que su diversión (y mi placer) se vieran truncados tan súbitamente aunque era lo correcto, dadas las circunstancias.
Al poco, demostrando que sabia perfectamente lo que sus hijos necesitaban, salieron los tres. Ella llevaba un aparato para hacer pompas de jabón.
Y sopló...

En seguida los lloros se transformaron en algarabía, carreras y risas.
Me emocioné. Me emocioné de verdad.
Tenia ante mí la imagen misma de la inocencia levantando apenas setenta centímetros del suelo, disfrutando y haciendo disfrutar con la expresión de su alegría. Comprendí sin lugar a dudas, una vez más, lo que significa volverse como un niño.
Vaya, resulta que, a mi edad, puedo ser enseñado por un par de mocosos... Pues claro.
Y me puse a filosofar, arrullado por el hilo musical que conformaban sus juegos, maravillosa banda sonora, hasta preguntarme cuándo fue, que perdí la inocencia. Cuándo fue que empecé a juzgar, a cuestionar, a desconfiar... Qué me pasó, para convertirme el lo que no quiero ser. En lo que no quieren que sea.
Puede que desde el cielo se haya permitido que pierda cosas, algunas de las cuales puede que hubieran llegado a ser puntales de mi tranquilidad (oye, que igual lo he perdido precisamente por eso...) y que, ante la ignorancia del porqué de la pérdida, me hubiera puesto a berrear, llorar o quejarme. Pero en el cielo saben perfectamente lo que necesito y si entiendo eso, demostrando madurez y aceptando esa pérdida como puerta hacia algo mejor, no se tardan en enviarme la respuesta. Y entonces, como un niño, como lo que realmente soy en mi corazón, como lo que me dicen que debo ser, olvido lo que he dejado atrás y prosigo hacia la meta, disfrutando de lo que me acaban de dar.

De la misma manera que las risas y carreras de los nenes detrás de las pompas de jabón me emocionaron a mi, el ser capaz de disfrutar de lo que se me da desde el cielo, sin preguntarme el porqué ni el cómo, aceptando los cambios con la sencillez de un niño, hace que mi Padre se emocione. Y entonces, en ese momento, decide interponerse entre mi y cualquier cosa que venga a dañarme, sin pensar en las consecuencias, de tan feliz que le hace el verme disfrutar de la manera que estoy disfrutando.
Y a mi si que me conoce.

Volverse como un niño.
Ya no me importa cuándo o dónde perdí la inocencia. Eso no importa, porque para un corazón humilde y enseñable es muy sencillo recuperarla. Ahora sé que soy inocente, pues mis culpas fueron pagadas, y que el contacto directo con mi Padre hace que esa inocencia aflore, pues la llevo dentro, en mi espíritu nacido de nuevo. Pensar en eso hace de mi alguien capaz de disfrutar de la gran cantidad de cosas que el cielo pone a mi disposición; tantas, que no he de lamentarme si alguna vez desaparece una de ellas. Disfrutar de lo que tengo, sin pensar en lo que tuve, o en lo que tendré. Como un niño. Por eso soy capaz de emocionarme.
Por eso soy capaz de emocionarle.
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Comentarios

  1. Viejo comentario
    Gracias por leerme. Pueden dejar comentarios, por favor! Tanto a favor, como en contra. Agradeceré los primeros y meditaré en los segundos.
    Enviado el 22-ago-2015 a las 07:12 por Quim Quim está fuera de línea ¡Visita su Blog!
 

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